1. ¿Qué es la autorregulación?
La autorregulación es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las propias emociones, impulsos y comportamientos de forma ajustada al contexto. Para Rafael Guerrero, esta habilidad no surge de forma espontánea: se aprende, se modela y se construye poco a poco, a lo largo del desarrollo, en estrecha relación con los adultos significativos del entorno del niño.
No nacemos autorregulados; nacemos con un sistema emocional inmaduro que necesita ser acompañado, sostenido y modelado desde fuera. Es decir, la autorregulación se aprende primero a través de la “coregulación” con un adulto disponible, presente y afectuoso.

2. La base neurobiológica: un cerebro en construcción
Guerrero explica que el cerebro infantil, especialmente la corteza prefrontal (la zona responsable del autocontrol, la toma de decisiones, la planificación y la regulación emocional), se encuentra en pleno desarrollo durante los primeros años de vida, y no alcanza su madurez completa hasta aproximadamente los 25 años.
Por ello, esperar que un niño pequeño “se controle solo” o “razone como un adulto” es injusto y poco realista. El niño necesita que el adulto actúe como su “regulador externo”, conteniendo, guiando y poniendo palabras a sus emociones.
3. El rol del adulto: de la coregulación a la autorregulación
Para Rafael Guerrero, la coregulación es el puente hacia la autorregulación. Esta consiste en que el adulto:
- Acompaña emocionalmente sin invalidar ni juzgar.
- Ayuda a poner nombre a las emociones (“veo que estás muy frustrado…”).
- Modela estrategias de calma (“vamos a respirar juntos”, “hagamos una pausa”).
- Mantiene una actitud coherente, calmada y firme.
A través de estas experiencias repetidas, el niño aprende que las emociones no lo desbordan ni lo definen, y que puede gestionarlas sin lastimar ni dañarse.
4. Estrategias para favorecer la autorregulación
Guerrero propone diversas estrategias prácticas que promueven el desarrollo de la autorregulación:
- Rutinas claras: Ayudan a anticipar y a sentirse seguro.
- Lenguaje emocional: Nombrar lo que se siente permite tomar distancia y comprender.
- Espacios de calma: No como castigo, sino como lugar para reconectar.
- Modelaje del adulto: Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.
- Respeto al ritmo madurativo: Cada niño desarrolla esta habilidad a su propio tiempo.
5. Errores frecuentes en su enseñanza
Guerrero advierte que muchas veces se espera que los niños regulen conductas sin haber sido regulados afectivamente. Frases como “deja de llorar”, “no es para tanto” o “ya estás grande para eso” no enseñan a regularse: enseñan a reprimir o desconectarse de lo que sienten.

Asimismo, los castigos desproporcionados o humillantes solo activan el miedo, impidiendo el aprendizaje emocional. La calma no se enseña desde el grito, sino desde la contención y el ejemplo.
Conclusión
Para Rafael Guerrero, la autorregulación es una de las habilidades emocionales más complejas y necesarias para la vida, y debe ser cultivada con paciencia, presencia y afecto. No se enseña con sermones ni castigos, sino a través del vínculo, del ejemplo y del acompañamiento emocional continuo.
Un niño que ha sido regulado desde el afecto, crece con la certeza de que puede confiar en sus emociones y manejarlas de forma saludable. Así, la autorregulación no solo favorece la convivencia, sino también el bienestar emocional, el aprendizaje y la capacidad de resolver conflictos con otros.
3 tips para ser un adulto bientratante y sensible:
- Acompaña sin juzgar en los momentos de desborde emocional.
- Enseña con el ejemplo cómo expresar y calmar emociones.
- Crea rutinas que fomenten la seguridad emocional.
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